Querido Tú:
Sé que aún no nos conocemos, pero creo que algún día te gustará leer lo que pasaba por mi mente antes de que Tú, querido mío, entraras en mi vida.
Quizá pienses que estoy un poco loca - pero qué tontería, eso ya lo sabes; lo sabes y te encanta, porque por eso eres Tú, porque ves una virtud en cada uno de los defectos de esta pobre Yo. En cualquier caso, no merece la pena negarlo. Lo cierto es, amado Tú, que hablo contigo, sin conocerte. Sin saber qué aspecto tienes ni cuál es tu color favorito (porque ni tú mismo te aclaras, te encanta el azul, pero siempre eliges bufandas de color verde). Sin reconocerte si es que alguna vez nos cruzamos por la calle; sin saberte descubrir si al final resultara que Tú ya estabas ahí.
Mi secreto es, te lo confieso, Tú; que hablo contigo casi todos los días, en mi mente. Sobre todo cuando camino a algún sitio, sola, y voy contándote las cosas que he hecho, y cómo me afectan a mí directamente. Y Tú, siempre sabes comprenderme, siempre entiendes cuándo necesito consuelo; cuándo una regañina que me baje a la realidad de que hay dramas más importantes que los míos; y cuándo un empujón de ánimo me pondrá en marcha de nuevo. Siempre aciertas, Tú, y te admiro por ello, y por aguantarme; pero qué digo, en realidad te quiero precisamente porque para ti no es un sacrificio, sino lo que quieres hacer… Te quiero porque me quieres en una forma que sólo Tú podrías.
Hablo contigo también cuando me voy a la cama, y nos damos las buenas noches y sé que cruzas tu brazo por mis hombros aunque Tú no estés a mi lado. Cuando tengo un momento de desesperación, consigues que al contártelo parezca más una broma de la vida que un motivo real para preocuparse. Cuando tengo dudas absurdas, me siento menos tonta si puedo pedirte opinión, y Tú me dices qué harías en mi lugar.
No nos hemos encontrado, es cierto, pero Yo ya te conozco, querido Tú; y aunque deseo verte, no tengo prisa porque llegues. Porque llegarás algún día, Tú, y me sacarás de quicio sólo para verme rendirme ante tu cabezonería, y ante la evidencia de que no importa lo que hagas; por algo eres Tú.
Me pregunto si Tú hablas conmigo donde estés. Tú que sabes mejor que nadie cómo soy (cómo no ibas a saberlo, si hablamos casi todos los días), ¿pensabas en mí antes de que llegara Yo?
Un beso de ésta que te quiere,
Yo.
Yo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario