Esto de que el único que te de un poco de amor por las noches sea Fred, el oso de peluche, resulta, en ocasiones un tanto deprimente.
En ocasiones como ésta, en las que una está al borde de la muerte por culpa de un pasajero (pero puede que letal) dolor de garganta, que acabó por convertirse en toda una noche vomitando. En esos momentos se echa de menos a alguien que te traiga una infusión calentita después de cenar, o que te acaricie la espalda mientras tú estás tirada en el sofá con la cabeza apoyada en sus rodillas (porque Fred se deja acariciar muy bien, pero de él nunca sale el acariciarme a mí...) O que te cocine el arroz blanco; y sobretodo alguien que esté pendiente por si me fallan las fuerzas y me abro la cabeza contra la bañera...
Se echa de menos también a la voz de la razón, que hace ya un tiempo que no aparece por mi cabeza (Por favor! Vuelve! Prometo que te haré más caso a partir de ahora!) Al menos estaría bien que Fred me aconsejara de vez en cuando, especialmente antes de escribir mensajes de móvil a las personas equivocadas... Pero no hay nada que hacer; si algo es Fred es muy reservado con sus opiniones...
Eso sí, Fred también tiene sus cosas buenas. Para empezar, siempre me comprende, da igual el idioma en que le hable (telepático incluido) No es un actor, lo cual significa (además de que probablemente tenga mejor juicio que yo, aunque lo exprese poco) que por mucho que nos hayamos conocido en Inglaterra, él se puede venir a vivir a donde quiera que yo vaya (así de incondicionalmente me ama) sin tener problemas para encontrar un trabajo... De hecho, ni siquiera tendrá problemas para buscarlo, porque no lo hará. Fred es un mantenido. Por si fuera poco, nunca discuto con Fred. Siempre cede ante lo que yo quiero. Es cierto que la convivencia así es un poco aburrida, pero nos ahorramos mucho tiempo en peleas que no llevan a ninguna parte... Y lo más importante de todo: estrujado contra mi barriga es taaaan calentito...
Así que, mirándolo desde este punto de vista, mucho mejor tener a Fred, de él siempre sabes lo que puedes esperar.
En ocasiones como ésta, en las que una está al borde de la muerte por culpa de un pasajero (pero puede que letal) dolor de garganta, que acabó por convertirse en toda una noche vomitando. En esos momentos se echa de menos a alguien que te traiga una infusión calentita después de cenar, o que te acaricie la espalda mientras tú estás tirada en el sofá con la cabeza apoyada en sus rodillas (porque Fred se deja acariciar muy bien, pero de él nunca sale el acariciarme a mí...) O que te cocine el arroz blanco; y sobretodo alguien que esté pendiente por si me fallan las fuerzas y me abro la cabeza contra la bañera...
Se echa de menos también a la voz de la razón, que hace ya un tiempo que no aparece por mi cabeza (Por favor! Vuelve! Prometo que te haré más caso a partir de ahora!) Al menos estaría bien que Fred me aconsejara de vez en cuando, especialmente antes de escribir mensajes de móvil a las personas equivocadas... Pero no hay nada que hacer; si algo es Fred es muy reservado con sus opiniones...
Eso sí, Fred también tiene sus cosas buenas. Para empezar, siempre me comprende, da igual el idioma en que le hable (telepático incluido) No es un actor, lo cual significa (además de que probablemente tenga mejor juicio que yo, aunque lo exprese poco) que por mucho que nos hayamos conocido en Inglaterra, él se puede venir a vivir a donde quiera que yo vaya (así de incondicionalmente me ama) sin tener problemas para encontrar un trabajo... De hecho, ni siquiera tendrá problemas para buscarlo, porque no lo hará. Fred es un mantenido. Por si fuera poco, nunca discuto con Fred. Siempre cede ante lo que yo quiero. Es cierto que la convivencia así es un poco aburrida, pero nos ahorramos mucho tiempo en peleas que no llevan a ninguna parte... Y lo más importante de todo: estrujado contra mi barriga es taaaan calentito...
Así que, mirándolo desde este punto de vista, mucho mejor tener a Fred, de él siempre sabes lo que puedes esperar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario